El renacuajo paseador — Rafael Pombo (Colombia)

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Según su biografía , el poeta e  ingeniero Rafael Pombo (Bogotá, 1833-1912) se considera una de las principales figuras del romanticismo de la lengua española, y junto con José Asunción Silva los más destacados poetas colombianos del siglo XIX.

Pombo escribió poesías y fábulas para niños .

El renacuajo paseador

El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo, salió esta mañana, muy tieso y muy majo con pantalón corto, corbata a la moda, sombrero encintado y chupa de boda.

“¡Muchacho, no salgas!” le grita mamá. Pero él hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino a un ratón vecino, y le dijo: “¡Amigo! venga, usted conmigo, visitemos juntos a doña Ratona y habrá francachela y habrá comilona”.

A poco llegaron, y avanza Ratón, estírase el cuello, coge el aldabón.

Da dos o tres golpes, preguntan: “¿Quién es?” “–Yo, doña Ratona, beso a usted los pies”. “¿Está usted en casa?” –”Sí, señor, sí estoy: y celebro mucho ver a ustedes hoy; estaba en mi oficio, hilando algodón, pero eso no importa; bienvenidos son”.

Se hicieron la venia, se dieron la mano, y dice Ratico, que es más veterano: “Mi amigo el de verde rabia de calor, démele cerveza, hágame el favor”.

Y en tanto que el pillo consume la jarra mandó la señora traer la guitarra y a Renacuajito le pide que cante versitos alegres, tonada elegante.

“–¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora, pero es imposible darle gusto ahora, que tengo el gaznate más seco que estopa y me aprieta mucho esta nueva ropa”.

“–Lo siento infinito, responde tía Rata, aflójese un poco chaleco y corbata, y yo mientras tanto les voy a cantar una cancioncita muy particular”.

Mas estando en esta brillante función de baile y cerveza, guitarra y canción, la Gata y sus Gatos salvan el umbral, y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata vieja trinchó por la oreja al niño Ratico maullándole: “¡Hola!” y los niños Gatos a la vieja Rata uno por la pata y otro por la cola.

Don Renacuajito mirando este asalto tomó su sombrero, dio un tremendo salto, y abriendo la puerta con mano y narices, se fue dando a todos “noches muy felices”.

Y siguió saltando tan alto y aprisa, que perdió el sombrero, rasgó la camisa, se coló en la boca de un pato tragón y éste se lo embucha de un solo estirón.

Y así concluyeron, uno, dos y tres, ratón y Ratona, y el Rana después; los gatos comieron y el Pato cenó, ¡y mamá Ranita solita quedó!

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