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Machu Picchu … ¡vale la pena!

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Dos Maestros Paisas …

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El  internacionalmente reconocido pintor y escultor colombiano Fernando Botero cumplió 85 años el pasado mes de Abril.  Medellín, su ciudad natal, organizó una celebración especial para su cumpleaños y para agradecerle por su generosidad con la ciudad — varias esculturas del Maestro han sido donadas a la ciudad.  Igualmente, Bogotá ha recibido muchas de sus obras las cuales se exhiben en el Museo Botero en la Candelaria.  El Maestro Botero es conocido por su estilo muy propio — en sus pinturas y esculturas todo es exageradamente ‘pasado de peso’: las gentes, los instrumentos de música, los animales, las flores, las iglesias, las casas y hasta las frutas!  Su obra es realmente excepcional y su talento ha sido reconocido mundialmente.  Considere la  colección de sus pinturas que se expande desde 1949.  Las fotos en el artículo  Las esculturas más famosas de Fernando Botero de El Tiempo de Bogotá son un excelente muestrario de sus geniales esculturas.

José Antonio Suárez es otro paisa, como se les dice a los nacidos en el departamento de Antioquia de la cual Medellín es la capital, y un maestro del dibujo.  Como diría Darío Villegas Ossa en “Las miniaturas de José Antonio Suárez. El déjà vu de la imaginación“:

Visitar los dibujos de José Antonio Suárez es entrar a una galería, tan abundante como variada, de figuras que provocan una fuerte sensación de familiaridad. Hemos visto algo similar en alguna parte; acaso en los libros de cuentos, las cartillas, los cuadernos de los niños, las enciclopedias o los diccionarios. Su obra evoca, a partir de papeles amarillentos, pátinas y alusiones que parecen caprichosas, cierto tiempo originario propio de la imaginación. El “érase una vez” de las historias. Como si aquellos dibujos estuvieran calcados sobre el molde de un recuerdo común, que habitualmente pasa desapercibido.

Suárez  fue ilustrador del Magazine Dominical de El Espectador, diario Bogotano, y 284 de sus dibujos fueron expuestos en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York en el 2015. Una colección de sus dibujo es fascinadora por la variedad de imágenes y detalles. El artículo El universo en una libreta, de Juan David Correa, es un interesante recuento de una entrevista con el artista.

 

Bueno, y ¿qué se celebra el 5 de Mayo …?

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La verdad que yo no lo tenía muy claro, y lo tuve que investigar. El 5 de mayo no es el día de la independencia de México de España.   La declaración de independencia ocurrió el 16 de septiembre de 1810 (aun cuando la independencia no llegó  a ser oficialmente obtenida sino hasta 1821) — casi 52 años antes de la batalla de Puebla donde un mucho menos equipado y reducido ejército mexicano derrotó el 5 de mayo, a un poderoso ejército francés que había sido enviado por Napoleón III a invadir y empezar un imperio francés en México.  Bueno, parece que Puebla siempre ha celebrado el 5 de mayo, y los americanos de descendencia mexicana, o chicanos, lo empezaron a celebrar como el día de orgullo mexicano en los 70-80s.  Hoy en día se celebra en los Estados Unidos con margaritas, guacamole, tortillas, chiles rellenos, frijoles refritos, tamales y otros platillos deliciosos.  Y no hay que olvidar la cervezas Corona, la Negra Modelo, la Dos X, la michelada y los bailes.

La historia del 5 de mayo es de especial interés a chicanos e igualmente a americanos que viven en estados que antes habían pertenecido a México, como California, Arizona, New Mexico y Texas (pronunciado Tejas en español).  Después de perder casi medio de su antiguo territorio en la guerra con los Estados Unidos, México entró en una época de batallas partidistas entre liberales y conservadores.  El presidente en 1861 era el famoso Benito Juarez, indígena de origen Zapoteca, quien por puro esfuerzo no solo aprendió el español, consiguió el titulo de abogado, sino que por inteligente movimientos políticos  llegó a ser presidente del país —y no solo una sino varia veces.   Benito Juarez fue el que por medio de legislación promulgó la separación del estado y la iglesia, lo cual resultará en el siglo XX en la rebelión de los cristeros en defensa de las prerrogativas de la iglesia.  Debido a las precaria situación económica del país en 1861, Benito Juarez declaró que México no podría pagar la deuda externa debida a Inglaterra, España y Francia.  Los gobiernos de los dos primeros países aceptaron, pero no fue así con Francia que bajo el comando del emperador Napoleón III, y empujado por conservadores mexicanos que habían perdido el poder al liberal Juarez, insistió en recobrar sus dineros a la fuerza.  Dada la fama en ese entonces de las fuerzas militares de Francia de ser las mejores de Europa, Napoleón ordenó la invasión de México y  fuerzas militares bajo el comando del General Latrille marcharon a tomar la Ciudad de México.  Los Estados Unidos hundidos en su guerra civil no pudieron prestar ayuda a México.

El 5 de mayo de 1862 las fuerzas francesas son atacadas por un ejercito mexicano falto de experiencia en cosas de guerra y armados con artillería antigua.  El comandante de las fuerzas mexicanas, el General Ignacio Zaragoza —quien habia nacido en un pueblo en Texas cuando este era mexicano— después de una batalla de 4 horas, le da más  de 1000 bajas al ejercito francés y pierde solamente 250 de sus hombres. Los franceses se retiran derrotados.   Uno de los generales mexicanos más sobresalientes en la batalla es Porfirio Diaz quien se convertirá en dictador años más tarde —lo cual será una de las razones de la revolución mexicana de principios del ksiglo XX.

Aunque los franceses pierden esa batalla, finalmente ganan e imponen a Maximiliano de Hamburgo como emperador.  Después de perder el apoyo de Napoleón en 1867, Maximiliano se rinde a las fuerzas rebeldes mexicanas y es ejecutado.

Para los mexicanos, y en solidaridad para todos los latinos, el 5 de mayo es otro día del grito de independencia de los gobierno tiránicos europeos.  Hoy, más que nunca, es un recordatorio de la lucha eterna contra gobiernos dictatoriales.

¡Feliz cinco de mayo!

5demayo

Tomado de CNN en español

Referencias

El cinco de mayo: una lucha por la libertad

10 cosas que debes saber sobre el 5 de mayo

Biografia de Benito Juarez

Es que somos muy pobres — Juan Rulfo

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Gentes que viven en zonas rurales y en pueblos pequeños sufren de la escasez de recursos, de las limitadas o no existentes fuentes de trabajo y de no tener muchas de las conveniencias económicas y sociales o la infraestructura que existen en ciudades.  Esto ocurre en todas partes del mundo, en los países avanzados y en los muy atrasados. Hace diez años cuando mi esposa y yo fuimos a caminar al Camino de Santiago en España encontramos pueblos abandonados por la gente joven quienes se habían marchado en busca de mejores vidas a las ciudades.  De Japón me han dicho que los granjeros buscan esposas de otros países menos desarrollados porque las jóvenes japonesas se han ido a las ciudades y no quieren vivir en el campo.  Figurativamente, se podría decir que si por los países ricos llueve por los países pobres no escampa.

La pobreza de los campesinos en países de América Latina es tan grande que sus futuros cuelgan de un hilo.  Esa es la triste historia que Juan Rulfo magistralmente creó en Es que Somos muy Pobres en su libro de cuentos El Llano en Llamas.  Es una historia simple, contada por un chico, de como el desbordamiento del río que pasa cerca de su casa va a arruinar las perspectivas futuras de su hermana menor.  El río se ha llevado la vaca, y posiblemente su becerro, que el papá le había dado a la hermana, para que cuando esta creciera tuviese la oportunidad de que alguien estuviese interesado en casarse con ella y de poseer la vaca.  Pero ahora el río se ha llevado la vaca y parece que el futuro de la hermanita es tan negro como el de las dos hermanas mayores que se han convertido en pirujas (prostitutas).  La única esperanza es que al becerro no se lo haya llevado el río … La capacidad de Juan Rulfo de lidiar con estas historias tan tristes y su hábil uso del lenguaje para describirlas tan acertadamente es una fortuna para nosotros sus lectores.

Es que somos muy pobres

Aquí todo va de mal en peor.  La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaván, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.

Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río.

El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa.

Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño.

Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta.

A la hora en que me fui a asomar, el río ya había perdido sus orillas. Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba metiéndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen la Tambora. El chapaleo del agua se oía al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y venía caminando por lo que era ya un pedazo de río, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a algún lugar donde no les llegara la corriente.

Y por el otro lado, por donde está el recodo, el río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo. Era el único que había en el pueblo, y por eso nomás la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la más grande de todas las que ha bajado el río en muchos años.

Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho. Allí fue donde supimos que el río se había llevado a la Serpentina la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi papá se la regaló para el día de su cumpleaños y que tenía una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos.

No acabo de saber por qué se le ocurriría a La Serpentina pasar el río este, cuando sabía que no era el mismo río que ella conocía de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo más seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar así nomás por nomás. A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral porque si no, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen.

Y aquí ha de haber sucedido eso de que se durmió. Tal vez se le ocurrió despertar al sentir que el agua pesada le golpeaba las costillas. Tal vez entonces se asustó y trató de regresar; pero al volverse se encontró entreverada y acalambrada entre aquella agua negra y dura como tierra corrediza. Tal vez bramó pidiendo que le ayudaran. Bramó como sólo Dios sabe cómo.

Yo le pregunté a un señor que vio cuando la arrastraba el río si no había visto también al becerrito que andaba con ella. Pero el hombre dijo que no sabía si lo había visto. Sólo dijo que la vaca manchada pasó patas arriba muy cerquita de donde él estaba y que allí dio una voltereta y luego no volvió a ver ni los cuernos ni las patas ni ninguna señal de vaca. Por el río rodaban muchos troncos de árboles con todo y raíces y él estaba muy ocupado en sacar leña, de modo que no podía fijarse si eran animales o troncos los que arrastraba.

Nomás por eso, no sabemos si el becerro está vivo, o si se fue detrás de su madre río abajo. Si así fue, que Dios los ampare a los dos.

La apuración que tienen en mi casa es lo que pueda suceder el día de mañana, ahora que mi hermana Tacha se quedó sin nada. Porque mi papá con muchos trabajos había conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para dársela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito y no se fuera a ir de piruja como lo hicieron mis otras dos hermanas, las más grandes.

Según mi papá, ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas. Desde chiquillas ya eran rezongonas. Y tan luego que crecieron les dio por andar con hombres de lo peor, que les enseñaron cosas malas. Ellas aprendieron pronto y entendían muy bien los chiflidos, cuando las llamaban a altas horas de la noche. Después salían hasta de día. Iban cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral, revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima.

Entonces mi papá las corrió a las dos. Primero les aguantó todo lo que pudo; pero más tarde ya no pudo aguantarlas más y les dio carrera para la calle. Ellas se fueron para Ayutla o no sé para dónde; pero andan de pirujas.

Por eso le entra la mortificación a mi papá, ahora por la Tacha, que no quiere vaya a resultar como sus otras dos hermanas, al sentir que se quedó muy pobre viendo la falta de su vaca, viendo que ya no va a tener con qué entretenerse mientras le da por crecer y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre. Y eso ahora va a estar difícil. Con la vaca era distinto, pues no hubiera faltado quien se hiciera el ánimo de casarse con ella, sólo por llevarse también aquella vaca tan bonita.

La única esperanza que nos queda es que el becerro esté todavía vivo. Ojalá no se le haya ocurrido pasar el río detrás de su madre. Porque si así fue, mi hermana Tacha está tantito así de retirado de hacerse piruja. Y mamá no quiere.

Mi mamá no sabe por qué Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para acá, nunca ha habido gente mala. Todos fueron criados en el temor de Dios y eran muy obedientes y no le cometían irreverencias a nadie. Todos fueron por el estilo. Quién sabe de dónde les vendría a ese par de hijas suyas aquel mal ejemplo. Ella no se acuerda. Le da vueltas a todos sus recuerdos y no ve claro dónde estuvo su mal o el pecado de nacerle una hija tras otra con la misma mala costumbre. No se acuerda. Y cada vez que piensa en ellas, llora y dice: “Que Dios las ampare a las dos.”

Pero mi papá alega que aquello ya no tiene remedio. La peligrosa es la que queda aquí, la Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención.

-Sí -dice-, le llenará los ojos a cualquiera dondequiera que la vean. Y acabará mal; como que estoy viendo que acabará mal.

Esa es la mortificación de mi papá.

Y Tacha llora al sentir que su vaca no volverá porque se la ha matado el río. Está aquí a mi lado, con su vestido color de rosa, mirando el río desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el río se hubiera metido dentro de ella.

Yo la abrazo tratando de consolarla, pero ella no entiende. Llora con más ganas. De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del río, que la hace temblar y sacudirse todita, y, mientras, la creciente sigue subiendo. El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada deTacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición.

Bogotanismos …

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Así dice la Wikipedia de Bogotá, la capital de Colombia:

Bogotá ha sido llamada “La Atenas Sudamericana”, apodo que se fortaleció a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, por iniciativa del escritor español Marcelino Menéndez Pelayo, debido a la gran admiración que tenía por los filósofos colombianos, entre ellos Rufino José Cuervo y Miguel Antonio Caro. La ciudad dispone de una amplia oferta cultural que se ha incrementado considerablemente en las últimas décadas, además de ser la sede de importantes festivales de amplia trayectoria y reconocimiento nacional e internacional.

Interesado en los modismos de Bogotá y en gran parte también de la región de Boyacá, donde nací, encontré el “Diccionario de Bogotanismos” escrito por Luis Alberto Acuña en 1983.  Este me llevó entonces a  encontrar el Bogotálogo, de más reciente publicación,  que es una extensión de los bogotanismos y de todo lo relacionado con Bogotá.  Estos dos trabajos son de gran interés no solo por la lexicografía de esa región sino por las asociadas reseñas históricas y sociales.  Los rolos, como se les dice a los bogotanos, han proyectado su vida cotidiana en un lenguaje que es muy divertido.

El autor Acuña en el prólogo deja en claro que él no es no es un profesional en filología, pero más bien un

… individuo común … que se dio un buen día el pasatiempo de recoger y coleccionar modismos y curiosidades lexicográficas propias del habla popular bogotana.

Un detalle que me interesó en el diccionario fue el uso de verbos.  La siguiente es una lista alfabética de ejemplos curiosos (he modificado en algunos casos la definición o el ejemplo dado por Acuña):

  • Apestado — resfriado, “con este frío y yo que estoy apestado”
  • Arrastrar el ala — requerir amor, “José le anda arrastrando el ala a la Marujita”
  • Caer — llegar, “apenas tenga un tiempito por allá les caigo”
  • Cargar con el muerto — sufrir las consecuencias, “sin haber hecho nada, le cargaron el muerto al pobre Saúl”
  • Coger marrano — aprovecharse para engañar, “me cogieron de marrano y me tocó que pagar por todo”
  • Dar caramelo — dilatar, demorar dando varias promesa, “yo no creo que voy a recibir el empleo, me están dando caramelo”
  • Dar vuelta — vigilar, “mañana voy a la hacienda para darle vuelta al ganado”
  • Dárselas de café con leche — creerse mejor que otros, “a Roberto le encanta dárselas de café con leche, aunque no es ni café ni leche”
  • Echar en saco roto — olvidar lo prometido, “un día nada más y ya está echando en saco roto todo lo que me dijo”
  • Echar paja — decir mentiras, exagerar , “Juan echa solo paja, no se le puede creer nada”
  • Echar vainas — decir cosas enojosas, “pare de echar vainas, ya está bien”
  • Embejucarse — enojarse, “no se embejuque por tan poca cosa”
  • Estar al hilo — entenderse, “Rosita y yo estamos al hilo”
  • Estar con sus copas — estar ebrio, “Pablo está con sus copas, no le ponga cuidado”
  • Estar fregado — estar arruinado, enfermo o desacreditado, “Pedro está fregado con tantas deudas y sin dinero”
  • Estar grave — estar muy enfermo, “Mi padre está muy grave, no pasará de hoy”
  • Hacer cocos — aparecer y desaparecer brevemente, por timidez o coquetería, “Juan le esta haciendo cocos a Marujita, que raro.”
  • Irse a la porra — equivalente a ‘váyase’, “No me moleste más,  váyase a la porra”
  •  Irse al otro toldo — morirse, “Don Antonio se fue para el otro toldo la semana pasada; bueno, él ya estaba muy viejito”
  • Jalarse — emborracharse, “Mi marido es muy bueno conmigo cuando se jala”
  • Levantar — hallar, conseguir, “Ojalá Jairo levante algo pues está muy fregado”
  • Levantar tierrero — incitar a reñir, “Cuando Gabriel está jalado, le gusta levantar tierrero por cualquier cosa”
  • Mandarse un tiro — tener una ocurrencia feliz, “Miguel se mandó un tiro increíble”
  • Meter su vaciada — reprimir en terminos injuriosos, “el jefe me metió mi vaciada después de mi error”
  • Parar bolas — poner cuido, “Niño párenme bolas, no se lo voy a repetir”
  • Pasar aceite — estar en salud muy precaria, “Mi abuelo comenzó a pasar aceite desde entonces”
  • Poner pereque — molestar, “No me ponga pereque, tengo mucho trabajo”
  • Quedar como allá afuera — ponerse en ridículo,  “Después de las tonterías que dijo, Pedro quedó como allá afuera. Quedó muy mal”
  • Quedarse en veremos — aplazar algo indefinidamente, “El viaje quedó en veremos después de saber que no había dinero para hacerlo”
  • Rajar — desaprobrobar, “el profesor rajó a diez y pasó a dos solamente”
  • Sacar la piedra — enfadar, “me sacó la piedra con lo que me dijo”
  • Salir como pepa de guama — salir expulsado, “el pobre Manuel salió como pepa de guama después de lo malo que hizo en su trabajo”
  • Ser perro — ser corrompido, malo, “a ese hombre hay que tenerle cuidado, es muy perro”
  • Tener donde caer muerto — poseer finca raíz, “si uno tiene donde caer muerto, el resto es secundario”
  • Tener palito — contar con amigos influyentes, “Carlos tiene palito en la gobernación”
  • Tomar las onces — comer un bocado antes del almuerzo o la comida, “hoy no tuve tiempo ni para comer mis onces”
  • Velársela — obstinarse en causar enojo a alguien, “mi jefe me la tiene velada, no me deja un momento libre”

¿Masculino, Femenino o Neutro?

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¿Cómo se puede entender la asignación de género a sustantivos inanimados en español? Esta  ha sido una pregunta que mi esposa, para quien el español no es su lengua nativa, me ha hecho varias veces y a la cual no le he podido dar una buena respuesta.   Ciertamente hay reglas que indican si el género de un término es masculino o femenino, pero las excepciones son tan numerosas que las reglas no  ayudan mucho a personas quienes estén aprendiendo el lenguaje.  Para mí, como hablante nativo, el género es intuitivo en la mayoría de los casos, pero hay algunos en que tengo dudas.  En “Morfología del género en español” y  “Vacilaciones y cambios de género motivados por el artículo”  el investigador lingüístico Ángel Rosenblat proporciona una de la mejores respuestas que he leído sobre la asignación de género a sustantivos inanimados en español. Sustantivos que corresponden a seres animados —humanos y animales— el género y el sexo coinciden.

Como lenguaje indoeuropeo, el español clasifica los sustantivos de acuerdo a su género en masculino o femenino.   Pero como dice Rosenblat

La lengua es en rigor un conjunto de sistemas, complejo e inestable.

La semántica, o el significado de la palabra, el buen sonido (eufonía), la forma de la palabra  (morfología) y la evolución de la lengua determinan el género de las palabras que se usan hoy,  que puede cambiar mañana y que no es el mismo de ayer.  Muchas palabras en español se derivan del latín y del griego, principalmente, y de otros idiomas. Tanto el origen, como el uso y el abuso que todos los idiomas sufren determinan el género asignado a términos que no tienen sexo.  La principal regla es que los sustantivos terminados en ‘o’ son masculinos, y los terminados en ‘a’ son femeninos.  Pero como indica Rosenblat,

Hay en la lengua un sistema tradicional de oposiciones, de origen en las creencias indoeuropeas primitivas …

que nos dan el sol y la luna, el cielo y la tierra, el fuego y el agua, el cuerpo y el alma, el pie y la mano.

Términos correlativos se presentan juntos …

así tenemos el suegro y la nuera, el sol y la sombra, el papá y la mamá …. Estas palabras se derivan del latín, donde además del masculino y el femenino, el género neutro también existe.  Muchas de estas palabras han cambiado de género en la transición al español y durante su evolución.  La vacilación ha conducido igualmente a diferenciación semántica o de definición, por ejemplo el orden y la orden, el frente y la frente, el cometa y la cometa.  El caso de ‘mano’ terminado en ‘o’ es de interés pues se deriva del latín popular donde era femenino, y pasó al español como masculino pero en diminutivos y aumentativos mano recobra el género femenino como en la manita, la manecita, y  la manaza.  La mano es el opuesto del masculino el pie.   El agua es femenino, pero por eufonía no se puede decir la agua dado que el ‘a’ inicial de ‘agua’ esta acentuada y no sonaría bien.   Igualmente, es el alma y no la alma, el hacha y no la hacha.

La derivación del griego de muchas palabras españolas proporciona otro buen número de excepciones a la regla fundamental de masculinos terminan en ‘o’ y femeninos en ‘a’. Es así como palabras de origen griego con las siguientes terminaciones son masculinas:   -ma (el esquema, el reuma, el asma); -ta (el planeta, el cometa); términos científicos terminados en -as, -ax (el borax, el climax); términos de ciencias naturales (el gorila, el mapa, el puma). Muchos de los helenismos, o términos de origen griego, son de uso técnico o culto,  como el coma (sopor), el axioma, el telegrama, el paradigma.

Igualmente hay nombres de ríos, montañas, ciudades, colores, gentilicios y colores terminados en -a que son masculinos  (el Magdalena, el Himalaya, el Gólgota, el Aconcagua, el Titicaca, el persa, el azteca, el inca, el rosa ….).

Como en otros lenguajes, en español es posible crear sustantivos usando verbos y adjetivos. Por ejemplo del verbo admirar se puede obtener el sustantivo la admiración, de narrar se obtiene la narración, y de concluir se obtiene la conclusión.   Con adjetivos la conversión usa el artículo neutro ‘lo’, dando la impresión que el género neutro existe cuando no es así.  El adjetivo malo se convierte en ‘lo malo‘ y de bueno se obtiene ‘lo bueno’  –conceptos abstractos que no son neutros en género.  Igualmente, existen sustantivos que se pueden utilizar como masculino o femenino, por ejemplo estudiante: el estudiante, la estudiante (el género es dado por el artículo), el mar y la mar.

El problema de asignar género es así transferido a determinar el origen de la palabra, convirtiéndolo en circular.  La ansiedad de asignar el género errado se puede disminuir sabiendo que aproximadamente el 60% de los sustantivos en español son masculinos y que el 89% de las sustantivos terminados en -e son masculinos.  Igualmente, es importante saber que aun hablantes nativos cometen errores en el género, y que entre más se incremente el vocabulario con la lectura menos se cometen errores.